dilluns, 14 de maig de 2012

Los catalanes son de Marte y los andaluces de Venus

Juan Jiménez Salcedo
En la asignatura sobre políticas lingüísticas que imparto en el Máster en Enseñanza Bilingüe de la Universidad Pablo de Olavide, todos los años hay algún alumno presto a contar la anécdota de cuando –Ryanair mediante- se cogió un avión con su novia o novio y se fue de fin de semana a Barcelona. Como si de un maleficio se tratara, el turista foráneo siempre tiene que preguntar una dirección a alguien en la Ciudad Condal. Quien les cuenta esto reside en Sevilla, batiburrillo urbanístico en el que las calles son árabes, las calzadas romanas, las fuentes judías y las torres de las iglesias son minaretes coronados por campanarios cristianos. Pues bien, en el dédalo de calles de Sevilla veo todos los días a sufridos turistas estudiando el plano hispalense con más denuedo que el que emplearían en analizar las instrucciones de montaje de una bomba de hidrógeno, convencidos de que es inútil preguntarle a nadie por dónde se va a no sé dónde porque las explicaciones son tan largas y complejas que es imposible retenerlas. (continua llegint l'article)